Las tuberías de acero han sido durante mucho tiempo la opción principal para el transporte tradicional de lodos minerales. Sin embargo, los lodos minerales contienen grandes cantidades de partículas sólidas de alta dureza (por ejemplo, escoria, grava o ganga), y el transporte de esta mezcla sólido-líquido provoca un desgaste continuo de la pared interior de la tubería. Esto conduce a un adelgazamiento progresivo de las paredes de acero e incluso a fugas por perforación en un periodo de tiempo relativamente corto.
Al mismo tiempo, los lodos minerales suelen contener medios ácidos, alcalinos y con cloruros, los cuales provocan dos tipos de corrosión en las tuberías de acero: corrosión química (por ejemplo, disolución del hierro debido a lodos ácidos) y corrosión electroquímica (formación de pilas galvánicas en las soldaduras y uniones). Ambas formas de corrosión aceleran la perforación de las tuberías. Como resultado, las tuberías de acero suelen tener una vida útil de solo 5 a 8 años; en algunos casos, incluso deben reemplazarse en 3 a 5 años, lo que genera altos costos totales a lo largo del ciclo de vida.
Por lo tanto, la “resistencia a la presión” no es el principal desafío. El verdadero problema de las tuberías mineras radica en combatir la abrasión y la corrosión; este es el factor clave para prolongar la vida útil y reducir los costos totales del ciclo de vida.